El asesinato social y la sentencia del telediario

En un asesinato social se necesita, al menos, de tres elementos básicos. Un primer elemento que viene a ser el autor intelectual de la obra maestra; alguien que se encuentra en una situación donde el poder que ostenta se ve discutido. El segundo elemento importante es la víctima, que no es más que aquel que discute el poder del anterior. Por último, nos hace falta el brazo tonto de la ley, el autor material del crimen social; en este caso el mensajero es consciente de su papel de ejecutor… y siempre podrá escudarse en aquello de «matar al mensajero» para tratar de limpiarse las manos sucias.

Un servicio de inteligencia, una entidad privada o un particular encargan a un periodista o a un medio digital la publicación de un artículo en el que, mezclando verdades con manifiestas falsedades, o simplemente tergiversando la verdad, se difama y denigra a la persona objetivo.

No hace falta que el medio en el que se publique sea importante ni tenga una especial repercusión. Es más, se suelen emplear medios digitales muy pequeños, pues así sale más barata su “compra”. En muchos casos el artículo no se publica con el nombre del periodista que lo escribe, para evitar posibles demandas judiciales.

Demandas que, dado que el medio es muy pequeño y seguramente insolvente, tampoco tienen sentido, por lo que no se suelen realizar por parte del difamado. Podríamos pensar que, si es un medio muy poco visionado y, por tanto, sin aparente relevancia, no tendría mucho sentido emplearlo para este fin.

Pero la argucia tiene todo el sentido, como veremos.

Lo que se pretende con ello, para alcanzar el fin último de arruinar el prestigio de una persona, es que ésta, al enterarse de la publicación, reaccione de alguna de estas maneras:

– criticándolo y denunciándolo en las redes sociales, con lo que solo conseguirá darle una publicidad que, de otro modo, no hubiera tenido.

– que ponga una demanda al periodista (si lo ha firmado) o al medio, con lo que también logrará darle publicidad.

Pero, en realidad, la principal maldad que se persigue es que el artículo empiece a circular por las redes por el morbo que pueda despertar.

Y sobre todo que cuando alguien realice una investigación en internet sobre el atacado, se tope con este artículo peyorativo. De modo que la imagen de esa persona quede muy deteriorada y que, de ser posible, le suponga un gran perjuicio personal, familiar y/o laboral.

En cierto modo, también se realiza, de forma más o menos similar, haciendo uso de las redes sociales. En este caso, en vez de artículos, son mensajes puestos, con toda la intencionalidad perversa, por bots y trolls creados al efecto, o pagados y/o “dirigidos” para ello.

Estos mensajes, normalmente de cuentas anónimas -pero no necesariamente-, que pueden parecer inocentes o simplemente fruto de haters, en muchos casos esconden un perfecto ardid dirigido a esa finalidad última del “asesinato social”.

Lo creamos o no, estas acciones se realizan con bastante frecuencia, y pocas son las personas que tienen cierta visibilidad o eco mediático que no las han sufrido, la sufren o las padecerán.

En muchos casos, el daño es irreparable, pues eliminar, tanto los artículos como los mensajes en las redes, es poco menos que imposible (aunque hay profesionales que se dedican a ello). Por lo que, aunque luego se llegara a demostrar que el contenido es falso, total o parcialmente, el perjuicio ya está causado.

Lamentablemente, la maldad humana hace que estas técnicas de destrucción de personas, que han sustituido a otras tradicionales -si bien en ocasiones corren en paralelo-, se apliquen con creciente frecuencia, por la facilidad que permite la tecnología.

A lo que se une la abundancia de medios digitales, y la precariedad de la profesión del periodismo en general. Lo que los obliga a intentar publicar artículos muy llamativos, con titulares que lo sean aún más, para así darse a conocer.

Soluciones hay, pero no muchas. La primera, y salvo que tenga gran repercusión, ignorarlo. De no ser posible, acudir a expertos en ciberseguridad especializados en estas cuestiones. En último extremo, recurrir a abogados especializados en acoso cibernético.

Así por ejemplo tenemos distintos casos de políticos y particulares (seguro os vendrá más de un nombre), que han sufrido la sentencia del telediario que no deja de ser más que un “asesinato social”.

Un ejemplo: Julián Assange y su “asesinato social” en Occidente.

La teoría del “asesinato social” señala que para lograr un cambio de opinión y de actitud es necesario tener en cuenta todas las variables señaladas. Alguien que quiera persuadir a otro tiene mucho ganado si conoce sus “debilidades” y “aptitudes” para saber cómo debe abordar la situación.

El asesinato social, como señaló Friedrich Engels en su libro de 1845 «La condición de la clase trabajadora en Inglaterra», una de las obras más importantes de la historia social, está integrado en el sistema capitalista. Las élites gobernantes, escribe Engels, aquellas que tienen «control social y político», fueron conscientes de que las duras condiciones de vida y de trabajo durante la revolución industrial condenaban a los trabajadores a «una muerte prematura y antinatural».

La clase dominante dedica enormes recursos a enmascarar este asesinato social. Controlan la narrativa en la prensa. Falsifican la ciencia y los datos, como lo ha hecho la industria de los combustibles fósiles durante décadas. Establecieron comités, comisiones y organismos internacionales, como las cumbres climáticas de la ONU, para pretender abordar el problema. O para negar la existencia del problema.

Lo que está ocurriendo no es negligencia. No es ineptitud. No es un incumplimiento de la política. Es un asesinato. Es asesinato porque es premeditado. Es un asesinato porque las clases dominantes mundiales tomaron una decisión consciente para extinguir la vida en lugar de protegerla. Es un asesinato porque las ganancias, a pesar de las estadísticas sólidas, las crecientes alteraciones climáticas y los modelos científicos, se consideran más importantes que la vida y la supervivencia humana

8 comentarios

  1. Querido amigo, ¡¡¡ qué razón tienes en este artículo !!!; como bien sabes, recientemente me he visto obligado, por segunda vez, a darme de baja en facebook y por primera vez en twitter y linkedin, por ataques a mi persona y comentarios hechos por mí hace tiempo, ya sea en facebook o en el Blog del General Dávila. Y como consecuencia de ello, ya por cansancio y aburrimiento, dejar de publicar en medios e ignorar a los atacantes para no darles el gusto de seguir haciendo daño, ya sea por sus motivos de celos, envidias u obsesiones enfermizas; pues yo,siendo respetuoso con todos, solo me limito a escribir sobre España, milicia, valores y religión, aunque también critique la política que vaya contra lo anterior. Pero te aseguro que, en el fondo, he hecho bien en dejarlo todo, porque ahora me he dado cuenta de la dependencia que ello suponía para mi tiempo, mi tranquilidad y dedicación. Un fuerte abrazo de tu siempre amigo.

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  2. Amigo Pedro bien se de que me hablas dos veces tuve hackeado el blog en Twitter me han metido un algoritmo que mis tuist se pierden en el eterico a mis favoritos marcados en la campanilla ni me llegan sus tuist.
    Hice un artículo precisamente poniendo capturas de pantalla como Google me ignora.
    Escribo mucho menos y no te extrañe cualquier día suelte el teclado.
    Un abrazo amigo

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  3. Queridos José Manuel y Pedro:
    Lamento que os hayais tenido que unir a mi club. Al de ausencia total en redes. No estoy en ninguna. Hace ahora 3 años facebook perjudicó gravemente a mi hija y me borré de todo.
    Nunca he vuelto ni pienso hacerlo. Y no pierdo tiempo contestando a trogloditas y otras especies dañinas.
    Ah y aunque no viene a cuento, aprovecho que hoy puedo escribir (hace mucho que no tengo tiempo para hacerlo por circunstancias familiares) para deciros que pago siempre en metálico.
    Los bancos quieren eliminar el dinero y hasta las tarjetas ¿Si’? Pues en dinero.
    Un fuerte abrazo para los dos.

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  4. Tocayo hace tiempo también deje de bucear en la red la tela de araña la han tejido perfectamente no es nuevo el plan viene de lejos muy de lejos y lo han ido adaptando según los tiempos.
    La ciudadanos estamos indefensos unos tragan y van en rebaño y otros nos revelamos quién es importante lo silencian imagina los curritos.
    En mi caso salvo un milagro lo tengo asumido lo que nos vendrá y nos espera y vendra.

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