«Guerra Cognitiva» de la OTAN

La guerra cognitiva busca cambiar no solo lo que piensa la gente, sino cómo actúa, sobre un desafío bélico. Los ataques contra el dominio cognitivo implican la integración de capacidades cibernéticas, de desinformación/mal información, psicológicas y de ingeniería social.

Estamos asistiendo sin que los ciudadanos se den cuenta a una guerra cognitiva, comprueben si no, lo que la gente piensa y como actúa, las redes y los medios así lo demuestran cada vez con más agresividad, podría ser por dos razones, por la pérdida de relato o porque todavía hay disidencias que hay que vencer. No se trata ya en la forma de guerra ni los objetivos ni quien es más cruel, o quién miente más y mejor.

Este es un estudio patrocinado por Allied Command Transformation (ACT), pero las opiniones expresadas en esta publicación reflejan estrictamente los debates mantenidos en los foros del Centro de Innovación. No reflejan las de ACT ni las de sus países miembros, por lo que ninguna de ellas puede ser citada como una declaración oficial de las mismas.

En un comunicado de prensa del Ottawa Citizen continuó: “La guerra cognitiva posiciona la mente como un espacio de batalla y un dominio en disputa. Su objetivo es sembrar disonancia, instigar narrativas conflictivas, polarizar opiniones y radicalizar grupos (al final resultará que son anarquistas). La guerra cognitiva puede motivar a las personas a actuar de maneras que pueden perturbar o fragmentar una sociedad que de otro modo estaría unida.

Tal y como se recoge en el documento Warfighting 2040 (European Parliamentary Research Service), la naturaleza de la guerra ha cambiado. La mayoría de los conflictos actuales siguen estando por debajo del umbral de la definición de guerra tradicionalmente aceptada, pero han surgido nuevas formas de guerra, como la guerra cognitiva. La mente humana se considera ahora como un nuevo dominio de la guerra.

Con el papel cada vez mayor de la tecnología y la sobrecarga de información, la capacidad cognitiva individual ya no será suficiente para asegurar una toma de decisiones informada y oportuna, lo que conducirá a el nuevo concepto de Guerra Cognitiva, que se ha convertido en un término recurrente en terminología militar en los últimos años.

La guerra cognitiva supone un reto insidioso. Altera la comprensión y las reacciones ordinarias ante los acontecimientos de forma gradual y sutil, pero con importantes efectos nocivos a lo largo del tiempo. La guerra cognitiva tiene un alcance universal, desde el individuo hasta los estados y las organizaciones multinacionales. Se nutre de las técnicas de desinformación y propaganda destinadas a agotar psicológicamente a los receptores de la información y propaganda. Todo el mundo contribuye a ello, en mayor o menor medida, consciente o inconscientemente, y proporciona un conocimiento inestimable sobre la sociedad, especialmente de las sociedades abiertas, como las occidentales. Este conocimiento puede ser fácilmente convertido en un arma. Ofrece a los adversarios de la OTAN un medio para eludir el campo de batalla tradicional con importantes resultados estratégicos, que pueden ser utilizados para transformar radicalmente las sociedades occidentales.

Los instrumentos de la guerra de la información, junto con la adición de las «neuro armas», se suman a perspectivas tecnológicas futuras, sugiriendo que el campo cognitivo será uno de los campos de batalla del futuro. Esta perspectiva se ve reforzada por los rápidos avances de las NBIC (Nanotecnología, Biotecnología, Tecnología de la Información y Ciencias Cognitivas) y la comprensión del cerebro. Los adversarios de la OTAN ya están invirtiendo mucho en estas nuevas tecnologías.

La OTAN tiene que anticiparse a los avances de estas tecnologías concienciando sobre el verdadero potencial de la guerra química. Sea cual sea la naturaleza y el objeto de la guerra, siempre se reduce a un choque de voluntades humanas, y por tanto, lo que definirá la victoria será la capacidad de imponer un comportamiento deseado a un público elegido. Las acciones emprendidas en los cinco dominios -aire, tierra, mar, espacio y cibernético- se ejecutan para tener un efecto en el dominio humano. Por lo tanto, es que la OTAN reconoce la renovada importancia del sexto dominio operacional, a saber, el dominio humano.

La guerra cognitiva persigue el objetivo de socavar la confianza (la confianza del público en los procesos electorales, la confianza en las instituciones, los aliados, los políticos…). Por lo tanto, el individuo se convierte en el arma, mientras que el objetivo no es atacar lo que los individuos piensan, sino la forma en que piensan.

Es natural confiar en los sentidos, creer en lo que se ve y se lee. Pero la democratización de herramientas y técnicas automatizadas que utilizan la IA, que ya no requieren una formación tecnológica permite a cualquiera distorsionar la información y socavar aún más la confianza en las sociedades abiertas. El uso de noticias falsas, falsificaciones profundas, caballos de Troya y avatares digitales creará nuevas sospechas que cualquiera puede explotar.

Es más fácil y barato para los adversarios socavar la confianza en nuestros propios sistemas que atacar nuestras redes eléctricas, fábricas o complejos militares. Por lo tanto, es probable que en un futuro próximo haya más ataques de un número creciente y mucho más diverso de actores potenciales, con un mayor riesgo de escalada o de error de cálculo. Las características del ciberespacio (falta de regulación, dificultades y los riesgos asociados a la atribución de los ataques en particular) hacen que nuevos actores, ya sean estatales o no estatales, son de esperar.

Es natural confiar en los sentidos, creer en lo que se ve y se lee. Pero la democratización de herramientas y técnicas automatizadas que utilizan la IA, que ya no requieren una formación tecnológica permite a cualquiera distorsionar la información y socavar aún más la confianza en las sociedades abiertas. El uso de noticias falsas, falsificaciones profundas, caballos de Troya y avatares digitales creará nuevas sospechas que cualquiera puede explotar.

La guerra cognitiva, una propaganda participativa, en muchos sentidos, la guerra cognitiva puede compararse con la propaganda, que puede definirse como «un conjunto de métodos empleados por un grupo organizado que quiere provocar la participación activa o pasiva en sus acciones de una masa de individuos, unificados psicológicamente a través de manipulaciones psicológicas e incorporada a una organización».

El estudio que realizó el gerente del Centro de Innovación de la OTAN, François du Cluzel, de junio a noviembre de 2020, fue financiado por la oficina de Transformación del Comando Aliado del cártel militar y se publicó como un informe de 45 páginas en enero de 2021 (PDF). El escalofriante documento muestra cómo la guerra contemporánea ha alcanzado una especie de etapa distópica, antes imaginable solo en la ciencia ficción.

Aprovechar las ciencias sociales será fundamental para el desarrollo del Plan de Operaciones del Dominio Humano”, prosigue el informe. “Apoyará las operaciones de combate proporcionando posibles cursos de acción para todo el entorno humano circundante, incluidas las fuerzas enemigas, pero también determinando elementos humanos clave como el centro de gravedad cognitivo, el comportamiento deseado como estado final”.

El informe llega a su conclusión con una cita inquietante: “Los avances de hoy en nanotecnología, biotecnología, tecnología de la información y ciencia cognitiva (NBIC), impulsados ​​por la aparentemente imparable marcha de una troika triunfante hecha de Inteligencia Artificial, Big Data y ‘adicción digital’ civilizacional. han creado una perspectiva mucho más siniestra: una quinta columna insertada, donde todos, sin saberlo, se comportan de acuerdo con los planes de uno de nuestros competidores.

Señalados por la prensa mediática nacional como pro rusos

Los diez mandamientos de la propaganda bélica:

  1. Nosotros no queremos la guerra.
  2. La guerra es culpa exclusiva del enemigo.
  3. La guerra es culpa exclusiva del enemigo.
  4. Defendemos una causa noble, no nuestro interés particular.
  5. El enemigo comete crímenes de guerra, nosotros sólo cometemos errores.
  6. El enemigo utiliza armas prohibidas.
  7. Las pérdidas de enemigos son enormes, nosotros apenas sufrimos.
  8. Los intelectuales y artistas apoyan nuestra causa.
  9. Nuestra causa es sagrada.
  10. Quien dude de nuestra propaganda es un traidor.

¿Les suena esta musiquita? Nadie hoy salvo Putin puede saber cuándo acabara esta guerra y como todo esto él es el único que puede pararlo, resurgen las amenazas nucleares y quiero creer que es una forma de hacer presión para que Kiev Zalenski se siente a negociar o se rinda.

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