Los «campos de reeducación» de Xinjiang – China

«campo de reeducación» de Xinjiang

¿Es china un enemigo público hasta para los globalistas y la humanidad?.

Cuando el rio suena agua lleva, en uno de mis artículospasados escribía; “Desde que Biden robó la elección, estas élites realmente creen que van a controlar el mundo. No se dan por vencidas, alimentadas por la fantasía que serán los nuevos dueños del mundo y de toda la humanidad, en una sociedad esclavista. Esto sueñan todos los gobiernos izquierdistas. Pero la verdad es que el Partido Comunista chino (PCCh) los usa para llegar a este sueño. Después, el PCCh los va a esclavizar, a ese grupo de la élite. Nadie es más ‘astuto’ que el PCCh…

El artículo os traigo hoy está relacionado con otro que ya escribí 12/01/2019 La región autónoma Uigur de Xinjiang, o simplemente Xinjiang. Y sus campos de reeducación, donde allí va todo disidente al régimen comunista chino, incluido los religiosos. O como otra vergüenza del Vaticano que entrego el Catolicismo al PCch escrito en 02/02/2019.

O El genocidio de los cristianos y trafico de niñas en China en 21/06/2019.

El semanario francés Le Point publicó recientemente una impactante investigación sobre cómo compra Pekín el favor de las universidades occidentales. Sirva como ejemplo el del profesor asociado italiano Flaio Massimo Parenti, del Instituto Internacional Lorenzo de Médicis (Florencia), acogido en Xinjiang, donde se estima que dos millones de uigures han sido encerrados en «campos de reeducación». Además, numerosos centros de enseñanza británicos están en el radar de la influencia y la propaganda chinas. Nigel Farage, líder del Partido de la Reforma del Reino Unido (Reform UK), tuiteó hace poco: «Milmillonarios chinos con vínculos directos con el PCC [Partido Comunista Chino] están comprado centros educativos británicos e inundando sus currículos con propaganda», y citaba los nombres de algunos de esos centros «bajo control chino».

En septiembre de 2019, en Urumqi, capital de la región uigur de Xinjiang, en el oeste de China, Christian Mestre, decano honorario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Estrasburgo, tomó parte de un «seminario internacional sobre lucha contra el terrorismo, desradicalización y protección de los derechos humanos», organizado por la República Popular China. Las palabras de Mestre fueron transcritas por los medios estatales, la agencia Xinhua y el periódico nacionalista Global Times.

Ese fue el origen de una impresionante investigación del semanario francés Le Point sobre cómo China ha comprado el favor de tantos académicos occidentales. «Son como los viajes de Aragon a la Unión Soviética, o lo de los colaboracionistas de la Alemania nazi», afirma en él Marie Bizais-Lillig, colega de Mestre. La alusión primera es a Louis Aragon, escritor francés que visitó la URSS en tiempos de Stalin y regresó convencido de la autenticidad del sistema comunista, y en consecuencia se dedicó a defenderlo.

Una superviviente de los campos de reeducación de Xinjiang reveló en fechas recientes lo que sucede en ellos. Gulbahar Haitiwaji llevaba diez años residiendo en Francia. Su marido y sus hijos tenían estatus de refugiados políticos, pero ella prefirió conservar su pasaporte chino para visitar a su anciana madre. En noviembre de 2016 compró un billete con destino China, donde enseguida fue deportada a un campo de reeducación para su pueblo, el uigur. Debido a las presiones francesas, fue liberada tras dos años de detención. A principios de este año publicó su escalofriante testimonio,«Rescapée du goulag chinois« («Superviviente de un gulag chino»). Gulbahar ha sido el primer uigur en ser liberado y repatriado a Francia. «Xi Jinping quiere un Xinjiang sin uigures».

Gulbahar fue trasladada de un centro de detención a otro. En un primer momento estuvo en un centro preventivo en el que las normas colgaban de un muro: «Prohibido hablar uigur. Prohibido rezar. Prohibido hacer huelga de hambre…». Tenía que defecar en un cubo de plástico frente a los demás internos.

En 2017 estuvo encadenada a su cama durante 20 días. Fue trasladada a uno de esos nuevos «centros de formación vocacional», nombre dado por el régimen a los gulags. El Campo Baijintan –tres edificios «tan grandes como pequeños aeropuertos» a las puertas del desierto– está rodeado por vallas coronadas con alambradas. Los prisioneros no ven la luz del día, sólo la del neón. Las cámaras registran cada uno de sus movimientos.

«Gracias a nuestro gran país. Gracias a nuestro querido presidente Xi Jinping», tienen que repetir los detenidos desde el amanecer hasta el ocaso.

Tras recibir nuevos nombres (Gulbahar se convirtió en «Número 9»), se les despoja de la ropa y el cabello. La reeducación empieza entonces a hacer presa en sus mentes. Un guardia del campo mostró un muro a un grupo de reclusos. «¿De qué color es?», preguntó. «Blanco», respondieron. «No, es negro. Soy yo quien decide de qué color es».

Entonces llegaron unas extrañas «vacunaciones». «Las mujeres dejaron de menstruar. Una vez regresé a Francia sentí realmente la existencia de la esterilización».

En los últimos 15 años se han abierto 18 Institutos Confucio en Francia, con el proclamado objetivo de promover el idioma y la cultura chinos. En 2019 Bélgica expulsó al rector del Confucio de la Universidad Libre Flamenca de Bruselas luego de que los servicios de seguridad le acusaran de espionaje.

Françoise Robin, tibetóloga del Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (INLCO), califica a esos centros de «armas propagandísticas». En 2016 el INLCO invitó al Dalai Lama a una conferencia. «Recibimos cartas oficiales de la embajada china en las que se nos exhortaba a no recibirle», dice Robin.

Quizá sea por eso que William J. Burns, propuesto [por el presidente Biden] como nuevo jefe de la CIA, dijo que si por él fuera cerraría los Institutos Confucio de todas las universidades occidentales. También en el Reino Unido parecen preocupados; y por lo visto con razón. Según el Daily Mail, inversores chinos han puesto la mira en cientos de escuelas independientes que se han visto en dificultades financieras como consecuencia de la pandemia del virus de Wuhan. Es evidente que China busca expandir su influjo en el sistema educativo británico, como ha hecho en EEUU. Ya hay 17 centros educativos británicos en manos de compañías chinas, cifra que no hará sino aumentar. Por otro lado, The Times reveló que la Universidad de Cambridge recibió un «generoso regalo» de Tencent, uno de los gigantes tecnológicos chinos, implicado en la censura estatal.

Muchos en Occidente podrían haber dicho que no sabían nada de cómo se mataba o encarcelaba a la gente el régimen soviético. Hoy sabemos mucho de la crueldad china, empezando por el asesinato de masas que el Partido Comunista de China ha infligido al mundo por medio del virus de Wuhan, primero diciendo falsamente que el virus no se transmitía de persona a persona y luego interrumpiendo los vuelos domésticos desde Wuhan pero permitiendo que los internacionales continuaran. Como consecuencia de ello, todo el planeta ha resultado infectado, lo que ha resultado en el asesinato de más de 2,5 millones de personas.

También sabemos del número de personas encerradas en el laogai, las «prisiones administrativas» chinas (se estima que 50 millones). Del número de niñas a las que el régimen impidió nacer con su política de un solo hijo (se estima que 30 millones). Del número de gente asesinada en la Plaza de Tiananmen la última vez que el régimen fue abiertamente desafiado por sus ciudadanos (se estima que 10.000).

«Los lugares habitados por minorías étnicas, como Xinjiang y el Tíbet, se han mantenido como rutilantes ejemplos del progreso de China en materia de derechos humanos», dijo el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, horas antes de dirigirse a la conferencia anual del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Puede que ni a la URSS se le hubiera ocurrido algo así.

Cuando, el pasado día 18, diplomáticos chinos y norteamericanos se reunieron en Anchorage (Alaska), hubo un«fuerte olor a pólvora». Eso dijo Zhao Lijian, del Miniterio de Exteriores chino, a las pocas horas de que concluyera esa primera jornada de conversaciones. (Aconsejo utilizar este traductor chino español)

Pólvora es una de las palabras que utiliza Pekín cuando quiere que los demás sepan que la guerra le está rondando la cabeza. De manera aún más preocupante, ese término, muy cargado de emotividad, lo utilizan los propagandistas chinos cuando quieren excitar a sus compatriotas recordándoles la explotación extranjera –británica y blanca– de China en la Guerra del Opio (s. XIX). Así pues, el Partido Comunista chino está tratando de inflamar el sentimiento nacionalista, arengar al pueblo y quizá prepararlo para la guerra. Y no olvidar el Preparense para la guerra.

Xi va en serio. En enero dijo que su Ejército, que no deja de expandirse a gran velocidad, debe estar preparado para combatir «en cualquier momento». Por cierto, fue en ese mes que la Comisión Central Militar del Partido tomó del Consejo de Estado –civil– el poder para movilizar con fines bélicos a toda la sociedad. (Aconsejo utilizar este traductor chino español)

Los Estados militares rara vez se preparan para un conflicto y luego retroceden. Para el Partido Comunista Chino, el mundo huele a pólvora, y Xi está desencadenando un conflicto de civilizaciones… y de razas.

2 comentarios

  1. Es terrible lo que nos cuentas, José Manuel.
    Imagino que no hay nada que podamos hacer a nuestro nivel.
    ¡¡¡Que impotencia!!!

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